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II)">Ahí está el detalle (II)

II)">La maleta era grande y pesada

En la en­trega an­te­rior, de­ja­mos en sus­penso la pre­gunta: si un es­cri­tor sólo puede usar unos po­cos de­ta­lles, ¿con qué cri­te­rio se­lec­ciona los de­ta­lles no esen­cia­les? No basta, por su­puesto, con de­cir que los de­ta­lles se eli­gen con la in­ten­ción de pro­du­cir el efecto de reali­dad del que ha­bla Bart­hes, ya que esto no se­ñala cómo se lleva a cabo di­cha se­lec­ción. Bart­hes de­cía que un de­ta­lle no esen­cial cum­ple dos fun­cio­nes: la de re­pre­sen­tarse a sí mismo, y la de re­pre­sen­tar la reali­dad (la «ilu­sión re­fe­ren­cial»). Me atrevo a su­ge­rir que ade­más de esas dos fun­cio­nes hay otras tres que tra­taré a continuación (…)

Ahí está el detalle (I)

Barómetro del siglo XIX

Hace poco, viendo una co­lec­ción re­tros­pec­tiva de la pin­tora nor­te­ame­ri­cana Geor­gia O’Keefe, en­con­tré una cita que me pa­re­ció fa­mi­liar: «Nada es me­nos real que el rea­lismo… Los de­ta­lles con­fun­den. Sólo un pro­ceso de se­lec­ción, eli­mi­na­ción y én­fa­sis nos per­mite lle­gar al ver­da­dero sig­ni­fi­cado de las co­sas» (1922). No la ha­bía leído an­tes, pero me re­sul­taba fa­mi­liar por­que la idea, ex­pre­sada con otras pa­la­bras, apa­rece en la gran ma­yo­ría de en­tre­vis­tas con es­cri­to­res. To­dos pa­re­cen coin­ci­dir en que la «re­pre­sen­ta­ción de la reali­dad» —que es la pro­vin­cia de la fic­ción— está re­la­cio­nada con la «ver­dad». Cual­quiera de esas apa­ren­te­mente ter­sas afir­ma­cio­nes es­conde un ver­da­dero nido de ví­bo­ras con­cep­tual que de in­me­diato ge­nera al­gu­nas preguntas (…)

Los ortodoxos del lápiz rojo

Diálogo en la ficción

Re­sulta cu­rioso que la pa­ra­doja de ha­blar por es­crito nos pa­rezca tan na­tu­ral. Quizá se deba a que re­sulta in­tui­tivo re­co­no­cer que el diá­logo en la na­rra­ción goza de un sta­tus di­fe­rente del diá­logo en la vida real. Sin em­bargo, hay al­gu­nos es­cri­to­res que se ago­bian de­ma­siado en su in­tento de «cap­tu­rar» la reali­dad, sin darse cuenta de que el diá­logo en fic­ción es una crea­ción ar­ti­fi­cial que sólo puede crear el «efecto de reali­dad» del que ha­bla Barthes (…)