II)">Ahí está el detalle (II)

La maleta era grande y pesada

La ma­leta era grande y pesada

En la en­trega an­te­rior, de­ja­mos en sus­penso la pre­gunta: si un es­cri­tor sólo puede usar unos po­cos de­ta­lles, ¿con qué cri­te­rio se­lec­ciona los de­ta­lles no esen­cia­les? No basta, por su­puesto, con de­cir que los de­ta­lles se eli­gen con la in­ten­ción de pro­du­cir el efecto de reali­dad del que ha­bla Bart­hes, ya que esto no se­ñala cómo se lleva a cabo di­cha se­lec­ción. Bart­hes de­cía que un de­ta­lle no esen­cial cum­ple dos fun­cio­nes: la de re­pre­sen­tarse a sí mismo, y la de re­pre­sen­tar la reali­dad (la «ilu­sión re­fe­ren­cial»). Me atrevo a su­ge­rir que ade­más de esas dos fun­cio­nes hay otras tres que tra­taré a continuación.

Che­jov lo te­nía bas­tante claro cuando afir­maba que cuando apa­rece una pis­tola en el pri­mer acto, apa­ren­te­mente como un de­ta­lle no esen­cial, lo más pro­ba­ble es que fuera dis­pa­rada en el ter­cer acto. Los es­cri­to­res de no­ve­las de de­tec­ti­ves tam­bién lo tie­nen claro ya que mu­chos de­ta­lles no esen­cia­les pue­den re­sul­tar siendo la clave para re­sol­ver el cri­men. El crí­tico in­glés Ja­mes Wood ha es­crito so­bre la res­pon­sa­bi­li­dad que un es­cri­tor tiene para ele­gir un de­ta­lle no esen­cial. Se­gún Wood, Flau­bert in­venta dos ti­pos de de­ta­lles no esen­cia­les: el «de­ta­lle ha­bi­tual» y el «de­ta­lle di­ná­mico». El de­ta­lle no esen­cial ha­bi­tual cum­ple las fun­cio­nes de las que ha­bla Bart­hes. El de­ta­lle no esen­cial di­ná­mico hace mu­cho más. Pero en lu­gar de se­guir teo­ri­zando, veá­moslo en un ejem­plo. El pa­saje que si­gue viene de Desa­yuno en Tiffany’s de Tru­man Capote.

No es­taba sola. Un hom­bre la se­guía. Su mano re­gor­deta la afe­rraba de la cin­tura de una ma­nera que no pa­re­cía apro­piada; no desde el punto de vista mo­ral, sino es­té­tico. Era un tipo bajo y grueso, bron­ceado en es­tu­dio y en­go­mi­nado, que lle­vaba un re­for­zado traje a ra­yas con un mar­chito cla­vel rojo en la so­lapa. Cuando lle­ga­ron a la puerta, ella em­pezó a bus­car en su car­tera, ig­no­rando los la­bios del tipo que le ho­ci­quea­ban la parte ex­puesta de la nuca.

El de­ta­lle que salta a la vista en este pa­saje es el «mar­chito cla­vel» en la so­lapa. Por un lado el cla­vel cum­ple la fun­ción de re­pre­sen­tarse a sí mismo, así como de ha­cer­nos creer en la reali­dad de la fic­ción (una época en que se con­si­de­raba de buen gusto lle­var un cla­vel rojo en el ojal). Pero este de­ta­lle no sirve sólo para crear ve­ro­si­mi­li­tud. Se trata de un de­ta­lle no esen­cial di­ná­mico ya que aparte de las dos fun­cio­nes se­ña­la­das, nos co­mu­nica que el hom­bre se con­si­dera ele­gante, y que se ha ves­tido lo me­jor po­si­ble para un en­cuen­tro so­cial que, por lo de­más, ha du­rado quizá ya mu­chas ho­ras. No es im­po­si­ble ver tam­bién un sig­ni­fi­cado sim­bó­lico en el cla­vel, cosa que le da­ría una cuarta fun­ción. Pero to­da­vía hay más. Como re­cor­da­rán, la no­vela está na­rrada por «Fred» (bau­ti­zado así por Ho­lly Go­lightly). Como el tono del pa­saje nos in­dica la pre­sen­cia in­dis­cu­ti­ble del na­rra­dor, a las cua­tro po­si­bles fun­cio­nes del de­ta­lle no esen­cial, te­ne­mos que agre­gar tam­bién que el cla­vel mar­chito nos dice mu­cho so­bre éste.

Un de­ta­lle no esen­cial di­ná­mico cum­ple en­ton­ces hasta cinco fun­cio­nes en una na­rra­ción: se re­pre­senta a sí mismo, sirve para ha­cer­nos creer en la «reali­dad» de la fic­ción, su­giere in­for­ma­ción que en­ri­quece lo na­rrado, puede cum­plir una fun­ción sim­bó­lica, y puede ser­vir para cons­truir al na­rra­dor. Vea­mos un ejem­plo di­fe­rente. Este viene de La in­so­por­ta­ble le­ve­dad del ser. Cuando Te­resa llega de im­pro­viso a vi­si­tar a To­más, el na­rra­dor nos dice:

Llegó al día si­guiente al ano­che­cer, lle­vaba un bolso col­gado del hom­bro con una co­rrea larga y le pa­re­ció más ele­gante que la otra vez. Te­nía en la mano un li­bro grueso. Era Ana Ka­re­nina de Tols­toi. Su com­por­ta­miento era ale­gre, in­cluso un tanto rui­doso, y tra­taba de que pa­re­ciera que ha­bía ido a verlo por ca­sua­li­dad, gra­cias a una fe­liz coin­ci­den­cia: es­taba en Praga por mo­ti­vos de tra­bajo o quizá (sus ex­pli­ca­cio­nes eran muy con­fu­sas) para ver si en­con­traba un tra­bajo… [To­más] co­gió el co­che que es­taba apar­cado de­lante del edi­fi­cio, fue hasta la es­ta­ción, re­co­gió la ma­leta (era grande y enor­me­mente pe­sada) y re­gresó a casa, con la ma­leta y con ella.

Kun­dera no abraza los idea­les na­rra­ti­vos de Flau­bert. Sus des­crip­cio­nes son par­cas, en el me­jor de los ca­sos, pero para quien ha leído la no­vela, re­sulta claro que el li­bro que lleva Te­resa en la mano es un de­ta­lle esen­cial para la na­rra­ción ya que se con­ver­tirá en uno de los ele­men­tos te­má­ti­cos de la no­vela. El de­ta­lle de la ma­leta, por otro lado, «grande y enor­me­mente pe­sada», no es esen­cial. La his­to­ria no cam­bia­ría si se su­pri­miera la úl­tima ora­ción de la cita. No re­sulta di­fí­cil ver que es un de­ta­lle no esen­cial di­ná­mico cuya fun­ción, ade­más de crear el efecto de reali­dad, es la de im­pli­car otros as­pec­tos del mundo na­rrado. El he­cho, por ejem­plo, de que Te­resa esté lle­gando para que­darse, que toda su vida cabe en una ma­leta, que su lle­gada a Praga abre una nueva etapa, que está es­ca­pando de una vida que la as­fi­xia, y que, por úl­timo, con­fía que To­más la recibirá.

El de­ta­lle no esen­cial di­ná­mico se con­vierte en un ele­mento im­por­tante en la fic­ción por­que sin lla­mar la aten­ción cum­ple mu­chas fun­cio­nes na­rra­ti­vas. Esto hace que un es­cri­tor tenga mu­cho cui­dado al ele­girlo. El pro­blema es que esta res­pon­sa­bi­li­dad se puede con­ver­tir en una mal­di­ción. Cada vez que un es­cri­tor va a ele­gir un de­ta­lle no esen­cial es­tará pen­sando si con­viene que sea di­ná­mico. Si, por ejem­plo, en lu­gar de des­cri­bir el re­loj de cuco col­gado en la pa­red de­be­ría men­cio­nar la fo­to­gra­fía donde el pro­ta­go­nista apa­rece son­riente a la ri­bera de un río. Tam­bién desde el punto de vista del lec­tor, el de­ta­lle no esen­cial di­ná­mico puede lle­gar a ser un las­tre. Cada vez que apa­rece uno, el lec­tor puede dis­per­sar su ener­gía pre­gun­tán­dose qué otras im­pli­ca­cio­nes tiene. Hasta que llega el punto en que uno tiene ga­nas de de­cir que a ve­ces un ha­bano es sim­ple­mente un habano.

Como en casi to­dos los otros as­pec­tos del arte, no hay una res­puesta fá­cil para este di­lema, ni una re­ceta para ele­gir el nú­mero de de­ta­lles no esen­cia­les di­ná­mi­cos que de­ben apa­re­cer en una fic­ción. Quizá la única guía que tiene un es­cri­tor es la poé­tica que in­forma su tra­bajo. En el caso ex­tremo de Lars­son, por ejem­plo, éste in­cluye des­crip­cio­nes tan de­ta­lla­das de los am­bien­tes, que uno em­pieza a sos­pe­char que nin­guno de esos de­ta­lles no esen­cia­les es di­ná­mico. En el otro ex­tremo, es­cri­to­res par­cos en la re­pre­sen­ta­ción del mundo na­rrado, como Kun­dera, los de­ta­lles no esen­cia­les casi siem­pre son dinámicos.

Una obra de fic­ción tiene la obli­ga­ción de en­se­ñar a sus lec­to­res cómo debe ser leída. De otro modo el efecto puede ser, en el me­jor de los ca­sos có­mico; en el peor de los ca­sos será que el lec­tor aban­done la lec­tura. Sea cual fuere la poé­tica que us­te­des pre­fie­ran, es­pero que esta breve dis­cu­sión haya sido útil, y que los aliente a bus­car esos de­ta­lles no esen­cia­les di­ná­mi­cos que apa­re­cen en to­das las bue­nas novelas.

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