Archivo de 'Taller'

En la puerta del horno

Trabajando en la boca del horno

De un tiempo a esta parte se han po­pu­la­ri­zado los ta­lle­res li­te­ra­rios en el mundo his­pa­noa­me­ri­cano, cosa que me ale­gra mu­cho, ya que es un sín­toma de que quizá la con­cep­ción ro­mán­tica del es­cri­tor está em­pe­zando a des­a­pa­re­cer. Es­pero, sin em­bargo, que quie­nes adop­ten el ta­ller como es­pa­cio de apren­di­zaje no cai­gan en el mal en­ten­dido co­mún de con­si­de­rarlo como una suerte de horno donde donde en­tran ma­nus­cri­tos ape­nas ter­mi­na­dos para sa­lir obras com­ple­tas, ya lis­tas para la im­prenta. La reali­dad es bas­tante diferente (…)

El arte de la seducción

El graduado

El arte de la fic­ción es, en buena cuenta, un arte de se­duc­ción. Los pri­me­ros pá­rra­fos debe lo­grar que el lec­tor quede tan in­tere­sado en el texto que esté dis­puesto a se­guir le­yendo. El pe­li­gro con este tipo de afir­ma­cio­nes es que se con­vier­tan en una bús­queda de una fór­mula que desem­bo­que en una he­te­ro­do­xia que se apli­que a ra­ja­ta­bla a toda no­vela que se nos cruce en el camino (…)

La personalidad más transparente

Una escultora creando un personaje transparente

El mo­mento en que la fic­ción em­pieza a re­pre­sen­tar el mundo in­te­rior de los per­so­na­jes marca un giro de­fi­ni­tivo en el desa­rro­llo téc­nico de la fic­ción. No me re­fiero al so­li­lo­quio —pre­sente en el tea­tro desde el tiempo de los grie­gos— dis­curso pú­blico, re­gu­lado por con­ven­cio­nes que lo ale­jan del mundo in­te­rior de los per­so­na­jes. Me re­fiero más bien a la re­pre­sen­ta­ción del pro­ceso men­tal de un per­so­naje en una na­rra­ción sin que éste pierda su es­ta­tuto privado (…)

La máquina perpetua

Movimiento perpetuo

Cuando se lee una buena no­vela, hay un mo­mento en que se tiene la im­pre­sión bas­tante clara de que la na­rra­ción se ha echado a an­dar. La se­ñal más fre­cuente es que lo­gra­mos su­mer­gir­nos en el mundo al­ter­na­tivo de la fic­ción, ol­vi­dán­do­nos a ve­ces du­rante ho­ras de lo ocu­rre a nues­tro al­re­de­dor. To­dos he­mos ex­pe­ri­men­tado de vez en cuando la ca­pa­ci­dad que tiene una na­rra­ción para, como dice Var­gas Llosa, ba­jar nues­tras de­fen­sas crí­ti­cas y su­mer­gir­nos en el mundo de la fic­ción. ¿Cómo lo logran? (…)

Hacer del hambre un arte

«Multidimensional Art» de Lilo Kinne

Cuando se men­ciona a Kafka, la ma­yo­ría tiende a re­cor­dar de in­me­diato «La me­ta­mor­fo­sis» («Die Ver­wand­lung»), que al pa­re­cer es su cuento más co­no­cido, aun­que quizá no sea ne­ce­sa­ria­mente el me­jor. voy a ir a con­tra co­rriente para su­ge­rir que quizá el me­jor cuento de Kafka no sea «La me­ta­mor­fo­sis» sino «El ar­tista del ham­bre» («Ein Hun­ger­künstler») pu­bli­cado cinco años des­pués, en 1924 (…)

Ardiente paciencia

Esto va a pa­re­cer una exal­ta­ción pas­to­ral, ale­jada del tema del ofi­cio de es­cri­bir, pero tengo la es­pe­ranza de que quie­nes ten­gan la pa­cien­cia de lle­gar al fi­nal lo vean de otra ma­nera. Pasé gran parte del sá­bado pa­sado ca­vando ho­yos para sem­brar pa­rras. No re­cuerdo cuándo fue la úl­tima vez que tuve una ex­pe­rien­cia se­me­jante, pero dado que te­nía las he­rra­mien­tas apro­pia­das —una fla­mante pala, ti­je­ras para cor­tar raí­ces y una pala de trans­plan­tar— pensé que la ta­rea no se­ría difícil (…)

Para narrar ha nacido

En toda fic­ción hay un per­so­naje que nace listo para cum­plir su fun­ción, y muere, o por lo me­nos des­a­pa­rece, tan pronto como ha cum­plido su pro­pó­sito. Es el ser efí­mero de la fic­ción. Usual­mente se lo co­noce como el «na­rra­dor». El nom­bre se presta a ve­ces a cier­tos ma­los en­ten­di­dos, pero su pa­ren­tesco con los na­rra­do­res ora­les le otorga un pe­di­gree di­fí­cil de re­fu­tar. El na­rra­dor en fic­ción es la «in­te­li­gen­cia» que cuenta la his­to­ria. En­tre sus ca­rac­te­rís­ti­cas, la que me­nos se dis­cute es el he­cho de que esa in­te­li­gen­cia tiene una consciencia (…)