Archivo de 'Bitácora'

Ahí está el detalle (I)

Barómetro del siglo XIX

Hace poco, viendo una co­lec­ción re­tros­pec­tiva de la pin­tora nor­te­ame­ri­cana Geor­gia O’Keefe, en­con­tré una cita que me pa­re­ció fa­mi­liar: «Nada es me­nos real que el rea­lismo… Los de­ta­lles con­fun­den. Sólo un pro­ceso de se­lec­ción, eli­mi­na­ción y én­fa­sis nos per­mite lle­gar al ver­da­dero sig­ni­fi­cado de las co­sas» (1922). No la ha­bía leído an­tes, pero me re­sul­taba fa­mi­liar por­que la idea, ex­pre­sada con otras pa­la­bras, apa­rece en la gran ma­yo­ría de en­tre­vis­tas con es­cri­to­res. To­dos pa­re­cen coin­ci­dir en que la «re­pre­sen­ta­ción de la reali­dad» —que es la pro­vin­cia de la fic­ción— está re­la­cio­nada con la «ver­dad». Cual­quiera de esas apa­ren­te­mente ter­sas afir­ma­cio­nes es­conde un ver­da­dero nido de ví­bo­ras con­cep­tual que de in­me­diato ge­nera al­gu­nas preguntas (…)

Tener algo que decir

Salir del cuadro

Hace poco es­tuve en una fe­ria del li­bro donde es­cu­ché en más de una oca­sión un co­men­ta­rio que siem­pre me ha pa­re­cido cu­rioso: «el es­cri­tor tal no tiene nada qué de­cir». Como to­dos los pro­nun­cia­mien­tos ta­xa­ti­vos tam­bién éste nace con un ta­lón de Aqui­les que re­sulta in­vi­si­ble para quien lo for­mula. Una lec­tura be­nigna po­dría en­ten­derlo como una afir­ma­ción hi­per­bó­lica. En todo caso, no se la puede ig­no­rar, no por­que plan­tee una justa eva­lua­ción so­bre un au­tor, sino por­que es un meme que se usa como si es­tu­viera real­mente claro qué significa (…)

En la puerta del horno

Trabajando en la boca del horno

De un tiempo a esta parte se han po­pu­la­ri­zado los ta­lle­res li­te­ra­rios en el mundo his­pa­noa­me­ri­cano, cosa que me ale­gra mu­cho, ya que es un sín­toma de que quizá la con­cep­ción ro­mán­tica del es­cri­tor está em­pe­zando a des­a­pa­re­cer. Es­pero, sin em­bargo, que quie­nes adop­ten el ta­ller como es­pa­cio de apren­di­zaje no cai­gan en el mal en­ten­dido co­mún de con­si­de­rarlo como una suerte de horno donde donde en­tran ma­nus­cri­tos ape­nas ter­mi­na­dos para sa­lir obras com­ple­tas, ya lis­tas para la im­prenta. La reali­dad es bas­tante diferente (…)

El arte de la seducción

El graduado

El arte de la fic­ción es, en buena cuenta, un arte de se­duc­ción. Los pri­me­ros pá­rra­fos debe lo­grar que el lec­tor quede tan in­tere­sado en el texto que esté dis­puesto a se­guir le­yendo. El pe­li­gro con este tipo de afir­ma­cio­nes es que se con­vier­tan en una bús­queda de una fór­mula que desem­bo­que en una he­te­ro­do­xia que se apli­que a ra­ja­ta­bla a toda no­vela que se nos cruce en el camino (…)

Hijos de Babel

El origen de la traducción

A me­nos que uno sea po­lí­glota re­sulta im­po­si­ble no te­ner que leer tra­duc­cio­nes. Muy po­cos tie­nen el tiempo, o la in­cli­na­ción, de de­di­car dos años al es­tu­dio del ruso para leer con cierta flui­dez a Tols­toy o Dos­toievsky. Esta re­la­ción de de­pen­den­cia ha­cia los tra­duc­to­res ha he­cho que és­tos sean ob­jeto de di­ver­sas acu­sa­cio­nes. Su­giero, por un lado, que se­ría bueno que de una vez por to­das la in­dus­tria edi­to­rial le diera al tra­duc­tor el lu­gar que se me­rece, en tér­mi­nos de re­co­no­ci­miento y re­mu­ne­ra­ción. Pero tam­bién me atrevo a su­ge­rir que mu­chas de nues­tras crí­ti­cas par­ten de una vi­sión un tanto par­cial de lo que sig­ni­fica la tra­duc­ción literaria (…)

Ser la persona herida

Heridos en la Playa Omaha, 1944

En el «Canto a mí mismo» de Whit­man hay un pa­saje en el que éste es­cribe: «No le pre­gunto a la per­sona he­rida cómo se siente / yo mismo me con­vierto en la per­sona he­rida». Es­tos dos ver­sos pa­re­cen re­su­mir una de las cru­ces de la fic­ción, la cues­tión de si es po­si­ble es­cri­bir desde el punto de vista de otra per­sona. En otras pa­la­bras, si es po­si­ble que un es­cri­tor cree un per­so­naje muy di­fe­rente a sí mismo (…)

Literatura «Light»

Shaiya Light

Hay quie­nes van a leer el tí­tulo como un oxí­mo­ron. Sin em­bargo, lo que el tí­tulo apro­ve­cha es que de las dos pa­la­bras, la que más llama la aten­ción es «light», aun­que de­be­ría ser al re­vés. Esto se debe a que la ma­yo­ría cree­mos sa­ber de qué ha­bla­mos cuando ha­bla­mos de li­te­ra­tura. Las co­sas se agra­van cuando apa­re­cen quie­nes, to­mando por sen­tado el sig­ni­fi­cado del tér­mino, se sien­ten im­pul­sa­dos (por ese celo qui­jo­tesco que de vez en cuando nos mueve a to­dos) a se­pa­rar el trigo de la paja (…)